
Jamás pensé que esas noticias se dijeran con tanta frialdad y crudeza…
Una amiga y su novio nos llevaron al hospital. No me pregunten cuanto, no recuerdo el tiempo que tardamos en llegar… igual ya no importaba, yo sabía la verdad, esa que me había dicho Ariel cuando llamó… Me quedé sola y mientras lloraba y lo acariciaba, le dije: Decime que no sufriste, dame una señal para saber que no sufriste…
Aquel 23 de junio yo perdía a mi viejo…
Mi viejo era un tipo de no muchas palabras. La mayor parte del tiempo teníamos opiniones diferentes, algunas encontradas y otras no tanto. Le encantaba leer el diario (algo que me heredó de chica con el viejo “Crónica”), sobre todo cuando se iba a la cama y yo me enredaba a su cuerpo para leer con él mientras me rascaba la cabeza.
Le fascinaba todo lo relacionado con los ovnis y cada vez que encontraba algo nuevo me decía: “Analía, viste ese artículo...” y ahí se despachaba con tooodos los detalles sobre los nuevos descubrimientos y yo fingía un interés que no tenía, tan solo porque era lindo escucharlo. Las mejores charlas se daban en la “chata”, los sábados, mientras me llevaba a la facu, en una de las últimas había hecho la promesa de enseñarme a manejar (cosa que resultó casi increíble porque sabía que si lo hacía no iba a parar y siempre decía “con la camioneta no porque es una herramienta de trabajo” jajaja)
El día que la vendimos, fue como una puñalada… mi viejo era un “enfermo” por su camioneta, a cada rato con el trapito fregándola, hasta cortaba los jazmines de nuestro jardín y los ponía adentro para que esté perfumada… Cuando el flaco se la llevó, mi hermano le dijo: Te estás llevando parte de nuestras vidas, cuidala…
Cada vez que me acuerdo de él, es el mismo recuerdo el que asoma: Yo despertando de la operación y él sosteniendo mi mano…
El día que se fue, no pudimos despedirnos, pero tampoco quedaron cosas por decirnos. Siempre supimos, a pesar de todo, que el amor era mutuo.
Fui la primera en verlo y la última en dejarlo ir.
Hasta el último momento yo sostuve sus manos entre las mías y lo acaricié hasta aprenderme de memoria las arrugas que el tiempo había marcado en su frente.
A veces pierdo la noción del tiempo… por momentos siento que pasaron tantos años y por otros es como si hubiera sido ayer… A veces me parece escucharlo, otras lo veo bailando en el comedor de casa y por momentos cuando camino lo siento silbar por la calle… Eso me hace sonreir…
Su ausencia no sabe de tiempos, así como el amor no entiende de distancias… Yo sé que un día, nos volveremos a encontrar en su “cielo azucarero” y que otra vez nos vamos a tomar de las manos, pero esta será diferente: lo haremos para nunca más separarnos.