Fui buscando las señales que quedaron en la casa…
Recorrí los pasillos donde quedaron estancadas las palabras que no dijimos.
Encontré dormidas las preguntas en la alcoba de lo incierto.
Hambrientas las respuestas desordenaron la cocina.
Y la memoria se dio un baño para ver si se quitaba tu olor del cuerpo.
Tapé a las lágrimas que reposaban en las almohadas de sueños no cumplidos.
Apilé libro y recuerdos y los ordené por fechas en los estantes cubiertos de polvo.
Me negué a poner en cajas los CD y las canciones que me hacen llorar cada vez que las escucho.
En el patio del fondo del alma, encontré tu mirada reposando en el sillón de mimbre tan dulce y lejana que dolía verla.
Juntos con las hojas secas quedaron los abrazos marchitos de esperar tus brazos.
Mientras que una sonrisa se hamacaba burlona disfrutando de ese sol que ella sola veía.
Saqué todas las fotos menos esa en la que tu risa es tan increible que no puedo dejar de mirarla día tras día.
Sobre la mesa del comedor de noches interminables, quedaron los vasos ajados con ecos de brindis lejanos.
Encontré junto a viejos papeles la carta más larga del mundo pero me negué a leerla.
Recostada en el sillón del living la guitarra fantasma emitía melodías que rasgaban el alma.
Y un juego de llaves me recordó el día que te abrí la cerradura de mi vida.
Detrás de la puerta quedaron colgados tres besos junto al sombrero celeste y la chalina rosa.
Hay rastros de promesas incumplidas plantadas junto a los jazmines que se niegan a florecer por más que los riegue todos los días.
Sobre la mesa un teléfono gris extraña oír tu voz por las noches estrelladas y en las mañanas frías.
No hay forma de olvidar, de no extrañar, la casa sigue llena de vos… Y por más que me mude a los confines del mundo yo también tengo demasiadas marcas tuyas.



